25 marzo, 2026Cámaras digitalesEscapada a Menorca con la Fujifilm GFX100RF (II), por Carlos PermuyNaturaleza, Camí de Cavalls y legado talayótico

Día 3

Camí de Cavalls - Es Grau - Albufera

El Camí de Cavalls es un camino que circunvala la isla desde tiempos inmemoriales. Se tiene constancia de él, por primera vez, en el año 1330 cuando Menorca ya formaba parte de la corona de Aragón. Servía para vigilar la costa de la isla de posibles invasores y si un jinete divisaba a algún pirata o flota enemiga acudía a la torre de vigía más cercana la cual se encargaba de transmitir el mensaje hasta la siguiente mediante señales, mientras el jinete galopaba hasta la población más cercana.

A partir del siglo XIX entró en desuso y casi se perdió, pero la sociedad de la isla se movilizó y lo recuperó totalmente siendo hoy en día una ruta para caminar, contar a caballo o ser recorrida en bicicleta, puesto que está totalmente prohibido a vehículos de motor por pasar por zonas de especial protección como el Parque Natural de s’Albufera des Grau.

Su longitud es de 185 kms y es habitual recorrerla por tramos, siendo cuatro días lo normal.

En esta ocasión y pernoctando en Mahón, decidí hacer una parte de dos tramos muy cerca de la esta ciudad, uno en la costa norte y otro en la costa sur. Así que por la mañana me dirigí a la primera parte que empieza en el pueblo de Es Grau, con una playa que tiene el mismo nombre.

Este pueblo de pescadores nació en el siglo XVIII como apoyo al puerto de Mahón. En él faenaban pescadores y se cazaban sobretodo aves en la albufera de la cual esta playa forma la entrada.

Al llegar, aparqué el coche en el parking de la entrada al pueblo y recorrí sus callejuelas y pequeños muelles. 

Fotografía © Carlos Permuy - Es Grau

Sus casas de construcción típicas menorquinas son muy apreciadas en la actualidad por los residentes de Mahón, ya que muchos pasan el verano en ellas. Este pueblo ha resistido los embates turísticos y en su mayoría sus habitantes son de la isla, conservando el sabor especial de pueblo costero mediterráneo sin alterar. 

Fotografía © Carlos Permuy - Casa

Al acercarme al mar pude observar pequeños embarcaderos destinados hoy en día a barcas particulares de recreo. Obviamente en temporada baja no había muchas amarradas pero la estampa era casi bucólica y vale la pena bordear también el pueblecito por la costa.

Fotografía © Carlos Permuy -Costa

Sus bares típicos, muy alejados de los turísticos de otras zonas, sirven comida local basada sobretodo en el pescado. Son muy famosos el Restaurante Tamarindos, en la misma playa, el del Moll y el de Ca’n Bernat, siendo este último mítico por llevar abierto muchas décadas y ser el más “de pueblo”.

Fotografía © Carlos Permuy - Restaurante

La playa está repleta de tamarindos y es tranquila y muy protegida. Tiene muy poco calado y hay que andar bastante para poder nadar, lo que la convierte en una playa ideal para familias con niños pequeños.

Fotografía © Carlos Permuy -Tamarindos

Para encontrar la entrada a la albufera, recorrí la playa entera y casi al final de la misma me encontré con las indicaciones del Camí de Cavalls el cual me llevaría directamente al Parque Natural. El camino es muy fácil y con unas simples deportivas es suficiente ya que este tramo está pensado para que se pueda recorrer sin complicaciones.

Fotografía © Carlos Permuy - Abrevadero

Poco después, atravesé un puente de madera que me llevó directamente al corazón de la Albufera.

Fotografía © Carlos Permuy - Puente

Después de un puente de madera que facilita el acceso, me encontré con ella en todo su esplendor. Esta Albufera es el corazón ecológico de la isla y la principal razón para que fuese declarada Reserva de la Biosfera por la Unesco en el año 1993.

Realmente se trata de una laguna costera separada del mar por una barra de arena y dunas que recibe tanto agua dulce de torrentes y filtraciones del subsuelo como ocasionalmente agua de mar. Esto hace que sea uno de los humedales con más biodiversidad del Mediterráneo occidental y si tenéis la ocasión de visitarla durante las migraciones de aves podréis observar centenares de ellas como anátidas, rapaces, limícolas y diversas especies de aves migratorias. 

También es un área de cría además de un refugio invernal y una estación de paso para las aves que migran de Europa a África.

Fotografía © Carlos Permuy - Casas

Siguiendo por el puente salí a la carretera muy cerca de Es Grau y comí pescado local en el restaurante que estaba abierto, en el Moll den Pons, para después dirigirme por la tarde a otro tramo del Camí de Cavalls, esta vez en la costa sur.

Camí de Cavalls - Punta Prima - Alcaufar

Me dirigí a la playa de Punta Prima, en la costa sur de la isla, y en la misma costa, en dirección norte, se encuentra el tramo del Camí de Cavalls que nos llevará hasta el pueblo de Alcaufar.

Es una caminata de menos de tres kilómetros de ida y otros tantos de vuelta que se puede hacer en algo menos de dos horas. Si bien el terreno no presenta mucha dificultad y se puede hacer con deportivas, aquí sí recomendaría llevar zapatillas de trekking porque a medio camino hay una zona pedregosa sobre la cual andaremos más cómodos. 

Fotografía © Carlos Permuy - Barca

Pasé por unas antiguas salinas con la Isla del Aire al fondo donde se encuentra el faro del mismo nombre. Esta isla se puede visitar y tiene la particularidad de tener uno de los reptiles más raros de Europa. Se trata de la lagartija negra, bastante pequeña de tamaño, pero que no tiene miedo a la gente. En verano es habitual que vayan familias con niños y les den trozos de sandía o melón ya que salen en tropel e incluso se pueden tocar. 

Fotografía © Carlos Permuy - Isla

Poco después vi la imponente Torre d’Alcaufar. Esta torre defensiva fue construida en el siglo XVI después del ataque otomano a la isla y desde ella se ve la entrada del puerto de Mahón. Su cometido era, precisamente, que las flotas enemigas no pudieran entrar en él sin ser vistas con la suficiente antelación como para preparar la defensa.

Al divisarse el enemigo se encendía un fuego de alarma que pasaba de torre en torre hasta llegar a Mahón, donde la guarnición se preparaba para salir.

Justo después de la torre está la preciosa cala llamada Caló Roig desde la cual también se divisa la torre.

Fotografía © Carlos Permuy - Torre

Poco después llegué al pueblo de Alcaufar, con sus también preciosas casas típicas menorquinas encaladas. Este pueblo apareció tras haber construido la torre y su pequeño puerto natural, pegado al de su hermano mayor en Mahón, se convirtió en un pequeño puerto pesquero y de refugio ante el mal tiempo.

Fotografía © Carlos Permuy - Alcaufar

Es muy parecido al del Grau en el sentido de que es un pueblo donde básicamente veranea la gente de la isla, teniendo poca afluencia turística. Repleta de pequeños fondeaderos es habitual que la gente de Sant Lluis y de Mahón tengan su casita allí y aprovechen la temporada estival para disfrutar del lugar libre de la masificación turística.

Fotografía © Carlos Permuy - Alcaufar

Y así, habiendo visitado dos tramos emblemáticos de la isla terminé el tercer día y me fui a descansar y a prepararme para el viaje al pasado  que me depararía el cuarto y último día.

Día 4

Poblados talayóticos

Poca gente sabe que Menorca es un museo al aire libre. Con una superficie de tan solo 700 km2, lo que representa el 0,01% de la superficie de España, contiene nada menos que el 10% de los monumentos estatales. 

Estamos hablando de que la pequeña isla tiene nada menos que 1.586 yacimientos arqueológicos. Se necesitarían más de cuatro años para verlos todos en el caso de que visitases uno cada día, sábados y domingos incluidos.

Como verlo todo es imposible y mucho menos en un día, elegí dos lugares emblemáticos.

Torre d’en Galmés

Cerca del pueblo de Alaior, en la carretera que lleva a la playa de Son Bou, hay un desvío que nos lleva al yacimiento de la Torre d'en Galmés. 

Se trata de uno de los yacimientos prehistóricos más importantes del Mediterráneo occidental ya que no se trata de un solo monumento sino de una ciudad completa de la edad del Bronce y del Hierro.

Se fundó entre los años 1.400 - 1.300 a. C., en plena cultura talayótica, y estuvo habitado durante más de mil años, hasta la llegada de los romanos en el siglo I a. C.

Fotografía © Carlos Permuy - Torre casas

En temporada baja no se paga entrada y se puede campar a tus anchas en todos los poblados talayóticos. Así que aparqué y me encaminé al centro de esta ciudad de la edad de piedra. 

Todas estas ciudades tenían un lugar sagrado de oración, lo que sería el equivalente a nuestras iglesias, llamados recintos de taula porque en el centro tienen un gran monumento en forma de “T”. No se sabe muy bien por qué construían estas figuras, algunas teorías dicen que era un pilar central para aguantar un techo, otras dicen que hace alusión a la cabeza de un toro y la más reciente postula que es una puerta para conectar con sus deidades y antepasados. 

Sea como fuere, me llamó la atención que esta tiene el capitel horizontal caído y no es un hecho casual. Fueron los romanos los que, deliberadamente, echaron abajo el capitel de la Taula como mensaje de dominio sobre la población local.

Fotografía © Carlos Permuy - Taula

Siguiendo el camino que me llevaba por esta ciudad, observé que una las casas tenía el techo de piedra. Esto no es un hecho casual ya allí vivía una de las familias más poderosas de esta ciudad prehistórica. No tiene vigas ya que se optó por hacer una estructura autoportante en forma de bóveda y eso la hace única en el mundo porque es una de las pocas casas de la Edad de Bronce que aún tiene el techo en la que se puede entrar.

Fotografía © Carlos Permuy - Casa piedra

Al final de la ciudad pude ver otra maravilla, la casa de doble portal. Esta monumental casa, también perteneciente a alguien de alta alcurnia en la época, nos dice con su doble portal que la casa estaba habitada por dos núcleos familiares emparentados de alto linaje.

Fotografía © Carlos Permuy - Portal

Y así pasé la mañana, inmerso en una ciudad de más de 3.000 años que me susurraba el paso de diversas civilizaciones por ella. 

Pero me quedé con las ganas de ver una taula en todo su apogeo así que por la tarde decidí visitar una de las más grandes de la isla.

Trepucó

Muy cerca de Mahón se encuentra otro poblado, el de Trepucó. No es tan espectacular como el anterior salvo por dos cosas, su taula y su talaiot que son enormes.

Al llegar, lo primero que se divisa es su talayot. Se trata de una construcción de piedra circular muy alta la cual no se sabe todavía su función y cuyo nombre viene de atalaya, porque es un lugar elevado.

El de Trepucó es uno de los más imponentes de la isla y en el recinto de taula del poblado podemos ver una majestuosa taula de más de cuatro metros de altura perfectamente conservada.

Fotografía © Carlos Permuy - Trepucó

El talayot es más antiguo, ya que su construcción data de entre 1.400 y 1.000 a. C., mientras que la taula se construyó cuando la civilización talayótica ya estaba asentada, entre el año 600 y 300 a. C.

Y así, con esta visita, concluyó mi escapada a Menorca de cuatro días fuera de temporada. Un lugar mágico, en el que aún se respira la autenticidad del Mediterráneo ya que ha sabido salvaguardar su entorno y costumbres con mano de hierro, pese a los embates de la masificación y el turismo.

Una visita altamente recomendable para escapar del estrés y la rutina de las grandes urbes, sobretodo de octubre a abril.

La cámara

La gente de Fujifilm España supieron tocarme la fibra cuando me ofrecieron realizar este reportaje ya que sabían que mi principal focal de trabajo era el 28mm en “full frame”, que es el equivalente que tiene esta cámara con su 35mm en medio formato. Con esta focal, sus más de 100 megapixeles y su capacidad de recorte realmente no se necesita mucho más para realizar cualquier tipo de reportaje de viaje o proyecto documental, las dos disciplinas fotográficas en las que me muevo.

Es una cámara relativamente compacta, lo cual ayuda a la hora de pasar desapercibido porque no pareces un profesional y la gente no se pone en guardia en cuanto te ve. A ello también ayuda el obturador central en el objetivo, no en el cuerpo, ya que es complemente silencioso aún siendo mecánico. No se oye ningún tipo de ruido por lo que el pasar desapercibido está garantizado. 

Otra ventaja del objetivo es que a pesar de que es un f4 (equivalente a algo más de f2.8) y de no tener el sensor estabilizado, se puede disparar muy lento de nuevo gracias al obturador central, así que tenemos ese problema solventado en gran medida. De todas maneras, si fuera más luminoso el objetivo crecería muchísimo y en este caso prefiero un tamaño muy compacto y portable. Al fin y al cabo con un angular no vas buscando los desenfoques, se trata de contar y para ello es más práctico abrir focal por lo que, de nuevo y según mi opinión, este 35mm (equivalente a 28mm) es perfecto para este fin.

Siguiendo con el objetivo, un pequeño “pero” es que hay que acoplarle un anillo con un cristal hermético para que sea completamente estanco. Yo opté por dejarlo puesto siempre a pesar de que la óptica crecía algo, aunque no es preocupante.

Por último, el rango dinámico no tiene parangón. Puedes disparar exponiendo a las luces para protegerlas y después levantar sombras como si no hubiera un mañana y la cámara lo aguanta sin problemas.

Y, para los días soleados, tienes un filtro ND que puedes activar a voluntad en caso de que lo necesites.

En definitiva, una cámara concebida para el reportaje y el documentalismo que cumple su trabajo con una nota muy alta y permite viajar ligero pero con un equipo de altísima calidad.