12 diciembre, 2025Cámaras digitalesLuz, contrastes y vidas en cambio: una historia desde Kilifi (Kenia)Por Diego Menjíbar ReynésCuando hace cuatro años aterricé por primera vez en África, no imaginaba que este continente acabaría convirtiéndose en mi base de trabajo y en el lugar desde el que contaría algunas de las historias que más me han marcado. Tras vivir en Malaui, Tanzania y recorrer países como Mozambique, Senegal o Sudán del Sur, hoy desarrollo mi labor periodística desde Nairobi, centrado en temáticas que van desde los derechos humanos y la salud, hasta las artes o las problemáticas sociales.
Sin embargo, si hay algo que define mi trabajo es la voluntad de mirar donde a menudo no mira nadie: de poner rostro a aquello que suele quedar reducido a cifras, de practicar un periodismo que busque soluciones y que huya del sensacionalismo. Por eso, cuando llegó a mis manos un comunicado de la ONG Give Directly, supe que detrás de sus conclusiones había una historia que merecía ser contada.
El texto afirmaba que las transferencias de dinero directo en zonas rurales de Kenia habían reducido la mortalidad infantil en un 48% y la de menores de cinco años en un 45%. La cifra era impactante, pero lo que realmente despertó mi curiosidad fue la pregunta que debería guiar siempre al periodista: ¿por qué? ¿Cómo es posible que entregar una cantidad de dinero a una mujer tenga un impacto tan directo en la supervivencia de sus hijos?
Para comprenderlo, no bastaba con recopilar datos o declaraciones. Había que escuchar, observar y acompañar a esas mujeres. Había que poner nombre y apellido a las cifras.

Un viaje a la costa keniana
The Guardian se interesó en la historia y, a mediados de septiembre, volé hacia Kilifi, en la costa de Kenia, para visitar la pequeña aldea de Unaya Ndogo. Sobre la mesa me esperaba un doble reto: narrar la historia con rigor y sensibilidad, y hacerlo a través de imágenes en uno de los entornos lumínicos más exigentes del país.
Para ello contaba, por primera vez, con una Fujifilm X-T5 y un XF 23mm F1.4. Una combinación ligera, precisa y versátil que, como descubriría allí, se convertiría en una aliada perfecta para un día de trabajo tan exigente.
Llegamos a la aldea a las 11 de la mañana, justo cuando el sol caía a plomo sobre el polvo rojizo y las casas de adobe. Allí conocí a Claris Pendo, Samini Kazungu y Joyce Mbodze, tres madres que habían recibido 700 euros a través del programa de Give Directly. No era una cantidad desorbitada, pero sí lo suficiente para permitirles planificar su economía por primera vez, dejar de vivir al día y, en muchos casos, mejorar las condiciones de sus hogares.
Fotografiar con la luz más dura
Mi intención era retratar a las mujeres en su propio entorno, junto a sus hijos, para contextualizar el impacto real de las transferencias. Trabajar al mediodía, sin embargo, es uno de los mayores desafíos para cualquier fotógrafo. No sabía cómo reaccionaría la X-T5 ante un escenario tan contrastado.

La respuesta fue sorprendentemente sólida: un rango dinámico impecable, sombras recuperables y una nitidez que resistió sin esfuerzo la crudeza del sol ecuatorial.
Busqué zonas de sombra para generar contrastes atractivos, y la apertura de f/1.4 del 23mm me permitió aislar a las protagonistas con suavidad, creando retratos íntimos incluso en condiciones extremas.
La oscuridad como lienzo
Otro desafío llegó al entrar en las viviendas. En Unaya Ndogo no hay electricidad. Las casas tienen, como mucho, una puerta y una pequeña ventana. No esperaba que fuese posible trabajar cómodamente en ese ambiente.
Pero al colocar el ojo en el visor, la X-T5 volvió a sorprenderme: ISO bajos, ruido controlado y una lectura de luz que hacía viable retratar interiores casi a oscuras.
Con Claris, por ejemplo, pude documentar las mejoras que había introducido en su hogar: sustituir el adobe por cemento, reforzar la estructura y crear un espacio más seguro para sus hijos.
Retratar lo cotidiano

Con Samini, el trabajo fue más rápido, pero con Joyce pude planificar una escena más elaborada. Utilizamos una motocicleta, algunos animales, un árbol y una silla para construir un retrato que hablaba de ella y de su día a día. La fidelidad cromática del conjunto X-T5 + 23mm F1.4 marcó una diferencia evidente respecto a equipos que había usado anteriormente. Los colores eran más precisos, más orgánicos y narrativamente más fieles.
Cada imagen servía para reforzar el mensaje: que el impacto del programa no era abstracto, sino profundamente humano.
Más que una historia
El reportaje se ha publicado ya en The Guardian, pero para mí tiene un valor personal que va más allá de la noticia. Fotografiar estas historias con un equipo que me permitió concentrarme en lo importante —las personas— fue un privilegio.
Ojalá quienes lean estas líneas o vean las imágenes descubran una verdad esencial: África es mucho más diversa, compleja y sorprendente de lo que solemos imaginar desde el norte global.
Y si este trabajo logra despertar aunque sea un poco de esa curiosidad, habrá cumplido su cometido.


