03 marzo, 2026Fotografía analógicaMedición y emulsión: una aproximación analógica a la Fundación Rodríguez-AcostaLa elección consciente de la película y el control manual de la luz como eje del proceso fotográfico.La idea de fotografiar la Fundación Rodríguez-Acosta llevaba tiempo latente. Es un espacio al que regreso desde hace años con la sensación de que no admite una mirada apresurada.
En la mochila llevaba carretes de Fujifilm 200, Fujifilm 400 y Neopan Professional Acros 100 II. Durante la sesión surgió un imprevisto, al disparar sin batería perdí la medición interna y tuve que recurrir a un fotómetro de mano. Lejos de ser un inconveniente, esta circunstancia reforzó la atención sobre cada toma. Abrí diafragma en las zonas de sombra para preservar detalle en los negros y cerré en situaciones de luz intensa para contener las altas luces. Esa medición deliberada se alineó de forma natural con el carácter del lugar y con el propio proceso analógico.
La elección de las emulsiones respondía a una intención concreta. El blanco y negro me permitió sintetizar forma y volumen cuando la arquitectura reclamaba contención. El color, en cambio, entró en juego cuando la temperatura de la luz mediterránea y los matices de la piedra dialogaban con la vegetación y el cielo. Acros 100 II ofreció una gradación tonal precisa en situaciones de contraste exigente, mientras que Fujifilm 200 y 400 aportaron flexibilidad ante variaciones de luminosidad, siendo el 400 especialmente eficaz en espacios más recogidos.






La Fundación surge del impulso del pintor José María Rodríguez-Acosta, quien concibió el Carmen a comienzos del siglo XX como un manifiesto estético más que como una residencia. Arquitectura, jardín y escultura se articulan como una composición pictórica, reflejo de su visión simbólica e introspectiva.


Fotografiar este espacio implica asumir esa herencia: más que documentar, se trata de interpretar. Busqué organizar los planos y las líneas dentro del encuadre para lograr imágenes claras y estructuradas. El blanco y negro facilitó esa lectura, reduciendo la escena a forma, luz y volumen.
El revelado en color lo realicé manualmente mediante proceso C-41, controlando tiempos y temperatura. En el blanco y negro busqué preservar una gama tonal amplia, evitando contrastes excesivos. El negativo no es para mí un simple registro de información, sino una materia que se construye desde la exposición hasta el escaneado.
La digitalización se realizó con un Epson V850 para facilitar su difusión sin alterar el carácter original del negativo. El escaneo no sustituye el proceso analógico, lo prolonga.
Trabajar con película en un entorno como la Fundación implica aceptar límites: número reducido de exposiciones, medición precisa y espera. Esa disciplina transforma la experiencia en una relación más consciente con el espacio. Antes de disparar, caminé. Observé. Escuché. Solo entonces decidí fotografiar.
Mi recomendación para quienes trabajen con películas Fujifilm es sencilla: elegir la emulsión según la intención, no por costumbre.
Cuando el material está alineado con la intención, la técnica se vuelve invisible y la imagen encuentra su coherencia.
Artículo y fotografías de © Sergio Pereira


